lunes, 15 de marzo de 2010

Por fin nació nuestro hijo



Con más de 41 semanas de gestación, a las 18:15h. del domingo 28 de Febrero de 2010 nació nuestro hijo: un morenazo de 4 kilos y 54cm de largo.

Habíamos ido por la mañana ese domingo al Parque San Antonio para los monitores y también para que me hicieran una exploración. Era raro que el niño aún no hubiera nacido, pero por lo visto todo estaba bien. Cuando la matrona (Carmen) me hizo la exploración, vió que el niño aún estaba demasiado alto, que el cuello del útero estaba totalmente cerrado aún y que no tenía nada de dilatación. Con ese panorama llamó a mi ginecólogo, y entre ambos vieron que la mejor opción era realizar una cesárea, ya que ni siquiera por inducción sería posible un parto natural. Así pues, me programaron la cesárea para las 17:30h. de ese mismo día. Nos dieron la habitación 224 y allí nos tocó una larga espera... sobre todo para mí, que tenía que estar en ayunas!!

Como ya sabíamos la hora y el día, estuvimos llamando a la familia para avisarlos, así que cuando dio la hora esaban en el hospital los abuelos Mª José y Fernando, Mame y las titas Nuria y Aurora.

Sobre las 16:45h. vinieron dos enfermeras. Una me tomaba datos, huellas dactilares y no se qué más cosas, y la otra mientras tanto me iba poniendo unos sueros y también una sonda (cosa que por cierto no es tan dolorosa como se dice, es sólo un pelín molesto al principio). Una vez que hubieron terminado conmigo, dejaron que volvieran a entrar los familiares en la habitación y ya sí que estábamos todos nerviosos esperando que pasaran los minutos para que viniera el celador a por mi... yo me sentía más ansiosa que nunca! A eso de las 17:30 vino el celador (Rafa) y por fin cogió la cama y empezó nuestra gran aventura.

Miguel venía a mi lado en todo momento, hasta que llegamos a la zona de quirófanos y no tuvo más remedio que meterse en una habitación, sólo, sin nada más que un hilo musical desesperante. A mi me llevó hasta el quirófano, donde estaban mi ginecólogo (Enfedaque), otra ginecóloga, la anestesista, la matrona, una enfermera que iba y venía y también un muchacho que supongo que sería un auxiliar.

En primer lugar me quitaron el camisón que yo llevaba, me cambié de camilla. Ahí me senté con "el culo para el anestesista" (como diría Geli, la matrona de educación maternal) y concentrada en no moverme ni un poco, con la espalda caída, la cabeza hacia abajo, las manos por delante... me pusieron la intradural, que es una anestesia como la epidural pero que abarca mucho más, desde las costillas hacia abajo. En 5 minutos yo ya no sentía nada, y durante ese tiempo se dedicaron a preparame para la intervención: me pusieron la pinza esa que te controla las pulsaciones en el dedo de la mano izquierda, tres sensores en el pecho y un tensiómetro en el brazo derecho. Mi posición era con los brazos en cruz. Y cómo no, me pusieron la típica sábana verde para que yo no viera nada de la intervención. Yo le pedí a la anestesista si me podía bajar la sábana en el momento de sacar al niño para que lo viera de nacer, pero era un poco siesa y no quiso, así que me quedé con las ganas.

El caso es que entre unas cosas y otras, al final ya se intuía que estaba empezando todo. Empecé a notar traqueteo en mi barriga, no noté nada de dolor ni ninguna sensación que me orientara sobre cuándo me abrieron la barriga, simplemente notaba cómo las manos empujaban una y otra vez, como si me hincaran los puños en la barriga hacia abajo. Se notaba que estaba siendo una operacion un poco complicada, después me enteré que el niño traía dos vueltas de cordón en el cuello, además de lo alto que estaba en la barriga y con lo grande que era, todo eso influía en la dificultad de sacar al niño incluso aunque se tratara de una cesárea.

De repente escuché que decían que el peque tenía mucho pelo negro y eso me hizo sonreir... ya quedaba poco! Con unos cuantos empujones más y con la ayuda de la matrona, que se tuvo que venir a mi lado de la sábana a hacer la maniobra de Kristeller por fin nació nuestro hijo. Incluso antes de verlo, cuando los médicos dijeron que por fin había salido, yo ya estaba llorando de la felicidad, pero nada comparado con la felicidad tan intensa que sentí al verlo, todo llenito de sangre, desnudito, tan pequeño... Me lo enseñaron sólo un segundo por mi lado izquierdo y en seguida se lo llevaron a lavarlo.

En ese momento Miguel lo vió por primera vez, aunque no se lo enseñaron, sino que lo vio pasar a la habitación para lavarlo y prepararlo.

Todo el tiempo que transcurró hasta que me lo volvieron a traer, e incluso después, yo no paraba de llorar. Me sentía feliz de que mi hijo por fin estuviera en el mundo, de haber visto que estaba bien, de que todo hubiera terminado...

Me lo trajeron envuelto en una toalla caliente, sólo le veía la carita, una carita preciosa con sus ojos rasgados, la misma naricita de su padre, el pelo negro... Me lo pusieron a la altura de mi cara para que pudiera sentirlo un momento, le di unos besitos y lo acaricié con la mejilla... QUÉ SENSACIÓN TAN INDESCRIPTIBLE!! Es que no tengo palabras para poder contar todo lo que sentí. Sólo lo tuve unos segundo, en seguida se lo volvieron a llevar. Yo no lo sabía en ese momento, pero luego me enteré de que se lo llevaron a Miguel para que él lo llevara al nido, fue el momento en el que por fin conoció a su hijo.

Transcurrido un rato por fin me llevaron a la habitación de nuevo... yo sólo buscaba a Miguel y a nuestro hijo, pero el peque estaba en el nido y tardaron un rato en traerlo para que la familia pudiera conocerlo. Yo sólo decía: es un morenazo guapísimo! Y estaba como loca por volver a verlo.

Uff... qué de sensaciones!